Tu cuerpo es el mayor pincel
que jamás tuviste entre las manos,
y lo usas como ariete
para romper las paredes que te encierran
en la prisión de plástico y cristal.
Es la hora de la rebelión,
de levantarte en armas,
en memoria de las que ya no pueden hacerlo,
y como aviso para las que siguen
aguantando, aguantando, aguantando...
Eres un poco la portavoz
de quienes han perdido la risa,
y viven entre lágrimas, soportándolo todo,
las palizas, las injurias y los golpes
porque ni recuerdan que son personas.
Pero tú eres fuerte, mujer de tinta,
y te rebelas, y te haces oír,
y lanzas ríos de tinta negra y roja
sobre los maltratadores
y la sociedad que los fomenta.
Donde antes no podía intervenir nadie,
pues las cosas del matrimonio son sagradas,
y el hombre debe disciplinar a su esposa
como nos decían en la época de Franco,
ahora hay personas que luchan.
Que nadie calle tu voz, que esta resuene,
se extienda, estigmatice, señale, acuse,
y que la sociedad reaccione, tome medidas,
para que todo no se reduzca a un estéril,
aséptico y lejano recuento de muertas.
... al final, regreso a la poesía... aunque no sea demasiado buena... aunque a veces me parezca incluso un poco falsa... porque me quedé enganchado en las marañas de la prosa... pero sobre todo, porque disfruto escribiendo poesía... y compartiéndola contigo...
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jueves, 23 de febrero de 2023
130. MUJER DE TINTA
martes, 30 de octubre de 2012
LA CIUDAD RENDIDA...
Suena la marcha triunfal, entran los soldados,
los conquistadores de mil inframundos,
en la ciudad desierta, miles de botas,
aplastan todo resquicio de primavera,
proclamando contra el cielo su victoria...
Desde las terrazas de los edificios, miran,
a sus nuevos amos, cientos de presencias,
los grandes tambores y timbales gritan
los nombres de vencedores y vencidos,
y del nuevo orden... y los viejos miedos...
Ellos, los incontables soldados de élite,
ocupan las arterias de la ciudad caída,
formando un campo de gloria para ella,
su líder, su inspiración, la causa, el fin,
el alfa y el omega de esta cruenta guerra...
Pisadas, tambores, timbales, trompetas,
el dolor que producen en mi corazón,
ciudad sitiada y rendida, arrasada,
se convierte en densa garra de acero,
que se cierra, aprieta, y yo... grito...
los conquistadores de mil inframundos,
en la ciudad desierta, miles de botas,
aplastan todo resquicio de primavera,
proclamando contra el cielo su victoria...
Desde las terrazas de los edificios, miran,
a sus nuevos amos, cientos de presencias,
los grandes tambores y timbales gritan
los nombres de vencedores y vencidos,
y del nuevo orden... y los viejos miedos...
Ellos, los incontables soldados de élite,
ocupan las arterias de la ciudad caída,
formando un campo de gloria para ella,
su líder, su inspiración, la causa, el fin,
el alfa y el omega de esta cruenta guerra...
Pisadas, tambores, timbales, trompetas,
el dolor que producen en mi corazón,
ciudad sitiada y rendida, arrasada,
se convierte en densa garra de acero,
que se cierra, aprieta, y yo... grito...
Grito tu nombre a las estrellas,
lo convierto en vendaval doliente...
pues yo nunca quise amarte, amor,
y, sin embargo, arrío la bandera blanca,
y te rindo mi infiel corazón de poeta...
y, sin embargo, arrío la bandera blanca,
y te rindo mi infiel corazón de poeta...
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