Desde el limbo de los recuerdos imposibles,
te escribo estas líneas, mi hermosa dama,
cuando la ausencia se convierte en un dolor
que mana de mi alma al corazón sediento.
Atrás quedaron tantas charlas al anochecer,
pero también risas, y sueños, incluso silencios,
de esos que todo dicen y nada pretenden,
de viejos amantes incluso, tan cómplices.
Añoro escuchar tu voz cada día, cada tarde,
y que sea ella quien me lleve al sueño,
y desde la distancia me doy cuenta de que,
en el fondo, hubo buenos tiempos...
Me preocupa el futuro, y lo sabes, puesto que
para mí te has convertido en un dulce misterio,
y mido las palabras, los actos y los pensamientos,
en vez de dejarme llevar por los actos, y los sueños.
Sueño con besarte, con estar a tu lado, juntos,
compartiendo de la mano el atardecer
desde el mirador de San Nicolás, incluso con gente,
La Alhambra frente a nosotros, y Granada a tus pies.
Sueño con pasear contigo por las calles desiertas,
compartiendo paraguas bajo la lluvia, sintiendo
nuestros cuerpos unidos por el aire que respiramos,
el leve roce de nuestros hombros, la curva de tu cuello...
Una cena a la luz de las velas en mi restaurante favorito,
ese italiano en la plaza Bib-Rambla, una buena sopa,
algo de vino, la pasta en su punto, tal vez un helado,
el camarero nos hace una foto, sonriendo, al terminar.
En la esquina de tu calle, robarte un beso, y que sea
el primero de muchos, quizás de cientos, una promesa,
el fin de semana por delante, solos y tranquilos,
y ya en tu casa, dejar que hablen nuestros cuerpos...
Sueños, a fin de cuentas, bastante inocentes, lejanos,
casi etéreos, de tarde de verano o noche de invierno,
mientras miro tu foto, quemo incienso, y pienso
que tal vez el destino está escrito en los cielos...
... al final, regreso a la poesía... aunque no sea demasiado buena... aunque a veces me parezca incluso un poco falsa... porque me quedé enganchado en las marañas de la prosa... pero sobre todo, porque disfruto escribiendo poesía... y compartiéndola contigo...
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martes, 1 de enero de 2019
jueves, 15 de octubre de 2015
VEINTICINCO
He seguido sus huellas
por la ciudad desierta,
sintiendo su presencia...
He dormido a pocos metros
de la funda de su almohada,
soñando siempre con ella...
Me ha mojado la misma lluvia,
empapando mis zapatos y ropas,
como si el cielo también llorase...
He mirado desde el suelo
las lejanas estrellas, pensando,
que estaban más cerca que ella...
He olido en la Alhambra
el perfume de su pelo
entre magnolias y camelias...
En las cuevas del Sacromonte
he perseguido en vano el sonido
de su etérea risa cristalina...
Y todo en la ciudad me hablaba
de ella, incluso estando lejos,
y he seguido sus pasos en la noche...
La próxima vez, mi hermosa dama,
compartiremos tiempo y espacio,
desde el alba hasta el ocaso...
Y entonces, los sueños más locos
se harán realidad, y te robaré
un beso de tus cárdenos labios...
por la ciudad desierta,
sintiendo su presencia...
He dormido a pocos metros
de la funda de su almohada,
soñando siempre con ella...
Me ha mojado la misma lluvia,
empapando mis zapatos y ropas,
como si el cielo también llorase...
He mirado desde el suelo
las lejanas estrellas, pensando,
que estaban más cerca que ella...
He olido en la Alhambra
el perfume de su pelo
entre magnolias y camelias...
En las cuevas del Sacromonte
he perseguido en vano el sonido
de su etérea risa cristalina...
Y todo en la ciudad me hablaba
de ella, incluso estando lejos,
y he seguido sus pasos en la noche...
La próxima vez, mi hermosa dama,
compartiremos tiempo y espacio,
desde el alba hasta el ocaso...
Y entonces, los sueños más locos
se harán realidad, y te robaré
un beso de tus cárdenos labios...
lunes, 5 de noviembre de 2012
* LOS AMANTES...
La luna se esconde en su lecho de nubes,
quizás para no ver a los amantes llorar
cuando llega el último adiós.
Ella llora abiertamente,
él trata de no hacerlo...
Los hombres no lloran...
Un solo día para compartir.
Veinticuatro horas de sueño,
de largos paseos bajo la lluvia,
de descubrir la ciudad de él...
Un café cómplice en la Plaza Mayor,
un beso en la Puerta del Sol,
un abrazo en la Gran Vía...
Al final pudo viajar ella,
dejando atrás su ciudad,
sus amigos, su vida...
Para encontrar su destino
entre los brazos de él,
y compartir ese día,
mágico para los dos...
Conocerse por fin,
perderse y encontrarse
en los ojos del otro...
Y vivir un sueño de amor
Ahora regresan la realidad
la maldita distancia,
y la amarga soledad...
viernes, 26 de octubre de 2012
* BESOS DE LLUVIA…
¿Sabes, amor? Anoche soñé contigo…
Juntos recorríamos las calles de mi ciudad…
Llovía a cántaros, y solo teníamos
un triste paraguas para los dos…
Notaba tu cuerpo junto al mío,
y estabas feliz, igual que yo…
Me parecía mentira estar por fin contigo,
sentir en el viento tu respiración…
Y paseábamos por las calles desiertas…
De repente, corriste en medio de la lluvia,
feliz como una niña, a recoger una flor…
Estabas empapada cuando volviste a mi lado…
Te abrazaste a mí, y me besaste con pasión…
Noté tu aliento afrutado en mi garganta,
y solté el paraguas, para besarte mejor…
No nos importaban la lluvia ni el frío,
nuestros cuerpos se buscaban, se abrazaban,
y nuestro mundo, por fin, estaba completo…
¿Sabes, amor? Anoche soñé contigo…
Y lloré al despertar… Porque no estabas tú…
Porque el tiempo y la distancia
no respetan el deseo ni el amor…
martes, 16 de octubre de 2012
* SOÑANDO ROMA...
Anoche soñé que soñaba... y en el sueño del sueño,
soñé que me despertaba, en otra ciudad...
Abría los ojos lentamente, y allí, a mi lado,
estaba ella, saliendo también del sueño...
Nos besamos, lentamente, medio dormidos,
agotados tras una noche de lánguida pasión,
después de habernos dejado llevar por el deseo,
amantes por fin, después de tanto, tanto tiempo...
Tenerla a mi lado, robarle un cálido beso,
su afrutado aliento bajando, como un río,
por mi garganta, el olor de su cabello,
irradiando por toda la almohada...
El tacto de su cuerpo junto al mío, sutil,
y a la vez, cálido, guardando el recuerdo
de mis manos, de mis caricias, en sus senos,
sus largas piernas junto a las mías...
Salimos de la cama, después del primer beso,
y nos metimos en la ducha, cálida primero,
tibia y fría luego, riendo... como dos niños
que descubren la vida, el juego, un sueño...
Nos secamos el uno al otro con toallas
que olían levemente a lavanda y espliego,
nos vestimos con presteza -hacía frío-
y bajamos a desayunar -era un hotel-.
Y recorríamos la ciudad, su ciudad eterna,
Roma, la de los palacios y los museos,
cogidos de la mano, paseando, riendo,
dejándonos llevar por la vida en su juego...
Éramos felices... Nada ni nadie importaba...
Frente a la Fontana de Trevi, un beso...
En las escaleras de la Plaza de España,
un abrazo, una caricia... y otro beso...
Vacaciones en Roma, pero solamente
para nosotros... ¡Aquello era el cielo!
Pero se terminó el sueño en el sueño...
Y tuve que despertar en la gris realidad...
Y sin embargo... sin embargo...
Allí estaba ella, a mi lado, sonriendo...
Sus cabellos irradiando sobre la almohada,
y en mi boca, su afrutado y dulce aliento...
¡No había sido un sueño! Y allí estábamos los dos,
sonriendo, riendo, como niños que han descubierto
un nuevo y excitante juego: redescubir juntos
Roma, la ciudad del sueño Eterno...
soñé que me despertaba, en otra ciudad...
Abría los ojos lentamente, y allí, a mi lado,
estaba ella, saliendo también del sueño...
Nos besamos, lentamente, medio dormidos,
agotados tras una noche de lánguida pasión,
después de habernos dejado llevar por el deseo,
amantes por fin, después de tanto, tanto tiempo...
Tenerla a mi lado, robarle un cálido beso,
su afrutado aliento bajando, como un río,
por mi garganta, el olor de su cabello,
irradiando por toda la almohada...
El tacto de su cuerpo junto al mío, sutil,
y a la vez, cálido, guardando el recuerdo
de mis manos, de mis caricias, en sus senos,
sus largas piernas junto a las mías...
Salimos de la cama, después del primer beso,
y nos metimos en la ducha, cálida primero,
tibia y fría luego, riendo... como dos niños
que descubren la vida, el juego, un sueño...
Nos secamos el uno al otro con toallas
que olían levemente a lavanda y espliego,
nos vestimos con presteza -hacía frío-
y bajamos a desayunar -era un hotel-.
Y recorríamos la ciudad, su ciudad eterna,
Roma, la de los palacios y los museos,
cogidos de la mano, paseando, riendo,
dejándonos llevar por la vida en su juego...
Éramos felices... Nada ni nadie importaba...
Frente a la Fontana de Trevi, un beso...
En las escaleras de la Plaza de España,
un abrazo, una caricia... y otro beso...
Vacaciones en Roma, pero solamente
para nosotros... ¡Aquello era el cielo!
Pero se terminó el sueño en el sueño...
Y tuve que despertar en la gris realidad...
Y sin embargo... sin embargo...
Allí estaba ella, a mi lado, sonriendo...
Sus cabellos irradiando sobre la almohada,
y en mi boca, su afrutado y dulce aliento...
¡No había sido un sueño! Y allí estábamos los dos,
sonriendo, riendo, como niños que han descubierto
un nuevo y excitante juego: redescubir juntos
Roma, la ciudad del sueño Eterno...
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140. UN REGRESO INESPERADO
Poemas que se elevan en el viento y alcanzan los cielos de madrugada. Palabras que surgen en la punta de los dedos, y encuentran su camino s...
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Con el sol quemando mis pupilas, te intuyo, en el limbo, en algún lugar, pero muy cerca. Tu cara permanece entre las sombras, y solo ...
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Si pudiera encontrar las flores del olvido, para jamás recordar cuando te he perdido, si pudiera luchar contra lo que te he querido, si fu...


