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lunes, 7 de enero de 2019

CINCUENTA Y SIETE

Y escucho tu voz
en el rumor del Mistral,
el viento me trae tu risa,
fresca, viva, radiante,
como un nuevo amanecer...


Y veo tu melena rielar
bajo el sol del mediodía,
con el color de las algas,
roja cobriza en la playa desierta,
promesa de otros tiempos...

Y brilla tu piel en la noche,
compitiendo con la luna,
aunque un leve rubor marca
tus mejillas y tu pequeña nariz,
sonrosada por la brisa del mar...

Y tu cuerpo se cimbrea
como un junco en la orilla,
ese biquini negro acerado,
que tanto me gusta tocar,
deja muy poco a la imaginación.

Y sonriendo, te acercas a mí,
y nos perdemos en un abrazo,
y me hundo en tu mirada
que me lleva hacia nuevos sueños
en los que todo es posible...

domingo, 29 de julio de 2012

EL LIENZO DE TU CUERPO


Tu cuerpo es el lienzo del que nacen mis versos,
extensión de piel suave y tersa, que me llama...
Estando contigo, sueño con irme, para después,
satisfecha la ausencia, perderme... y encontrarme...
Tus ojos permanecen cerrados, dos profundos,
insondables agujeros negros, que me roban...
la cordura... la fe... el alma... la esperanza...
Y por eso, prefiero verte así, en nuestra cama,
de sábanas de raso color cava... esperándome...

Abres los ojos, me sonríes, y tus pícaros labios
me hablan de sensaciones desconocidas, únicas,
deseos satisfechos sin límites de duda y pudor...
Y yo te sigo mirando... estremeciéndome...
por dentro, por el oscuro deseo que me corroe...
En tu altiva desnudez, encarnas tantas mujeres,
que vi al pasar alguna vez, y salieron de mi vida...

Mirarte... solo un minuto más... memorizarte...
cada una de las curvas de tu hermoso cuerpo...
Perezosa, te estiras sobre las sábanas, felina,
ágil incluso en reposo, y me das la espalda...
Y sigo contando las constelaciones de lunares,
que salpican tus brazos de diosa y hechicera...

Me quedo quieta un momento, mirándote...
y después, tomo una rosa de tallo largo,
roja como el vino, sin hojas ni espinas...
y la utilizo para recorrer cada centímetro,
primero de tu espalda, luego de tu pecho...
y naufrago en el valle entre tus senos...
y en aquél momento, enlazas mi nuca
con tus manos, y me atraes hacia ti...

El mundo no existe para los amantes,
que trascienden las fronteras de sus cuerpos,
y eso nosotras lo sabemos muy bien, mientras,
perezosas, nos abandonamos a la tierna, dulce,
y posesiva lujuria lejos del mundo, protegidas,
del tiempo y del espacio, de soledad y tristeza,
por el suave óvalo de nuestros brazos amantes,
de nuestras piernas suavemente entrelazadas...

Y yo sigo escribiendo versos de amor y muerte,
sobre el lienzo de tu cuerpo, y tus caricias, y besos,
escribe mi alma sueños de futuros perfectos,
de presentes continuos y de imposibles ausencias...
puesto que no concibo la vida lejos de ti, amor...
sin haberte conocido, una lluviosa tarde de abril... 

140. UN REGRESO INESPERADO

Poemas que se elevan en el viento y alcanzan los cielos de madrugada. Palabras que surgen en la punta de los dedos, y encuentran su camino s...