Hoy... Hoy, solo por hoy,
desearía poder creer en el amor,
en el verdadero, el de toda la vida,
el que al menos tiene posibilidades
de ser algún día correspondido...
Hoy, solo por hoy, necesito
que un rayo de luz ilumine mi vida,
que sus palabras en el viento
y en la distancia me traigan
palabras de amor...
Hoy, solo por hoy, ansío
despedirme de los sentimientos,
de las ansias, de los pesares,
de la distancia, de la ausencia,
de la tristeza, del recuerdo...
Hoy, solo por hoy, desearía
vivir una de esas historias
de las que tanto hablan
los poetas, como yo intento,
una de las que terminan bien...
Hoy, solo por hoy, quisiera
poder creer que en el amor
todo es posible, incluso...
el ser correspondido
por la dueña de mi alma...
Hoy, solo por hoy, deseo
que el sueño se cumpla,
que se esfume la distancia,
y ser feliz, y estar con ella,
y abrazarla y besarla...
Hoy, solo por hoy, soñaré
que otra relación es posible,
y despedirme de los sentimientos
extraños y fronterizos,
lindando con la amistad...
Hoy, solo por hoy, me gustaría
encontrarme con ella
no solo en mis sueños
sino en la realidad
de la que hablan los poetas...
... al final, regreso a la poesía... aunque no sea demasiado buena... aunque a veces me parezca incluso un poco falsa... porque me quedé enganchado en las marañas de la prosa... pero sobre todo, porque disfruto escribiendo poesía... y compartiéndola contigo...
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viernes, 19 de octubre de 2012
miércoles, 17 de octubre de 2012
* COMO EL HUMO...
Como el humo que se eleva en el aire
vuelan hacia ella mis pensamientos,
cargados de ilusión, de sentimientos,
pero también, de amargura y de silencio,
dejando atrás un rastro preñado
de imposibles, de palabras mudas,
y de mil y un lamentos...
Porque hoy no he hablado con ella,
y van ya dos días sin aliento,
y noto que me faltan las fuerzas,
incluso para escribir el siguiente verso...
¡Sentimientos fronterizos, os maldigo!
¡Para nada en mi vida os quiero!
Y sin embargo, sin embargo...
Es por vosotros por quienes vivo,
y por vuestra culpa, yo me muero...
Corazón enamorado en la distancia,
palabras que se unen en febril lamento,
sinfonía de sentimientos inexpresados,
tantas veces ahogando un "te quiero",
y soñando...
Soñando con un atardecer junto al mar,
con el tacto de su mano en la mía,
con su larga melena negra al viento,
con el sonido de su risa en el aire,
con la alegría de su fuerza vital,
con su sonrisa triste y alegre,
con ella... y nada más...
vuelan hacia ella mis pensamientos,
cargados de ilusión, de sentimientos,
pero también, de amargura y de silencio,
dejando atrás un rastro preñado
de imposibles, de palabras mudas,
y de mil y un lamentos...
Porque hoy no he hablado con ella,
y van ya dos días sin aliento,
y noto que me faltan las fuerzas,
incluso para escribir el siguiente verso...
¡Sentimientos fronterizos, os maldigo!
¡Para nada en mi vida os quiero!
Y sin embargo, sin embargo...
Es por vosotros por quienes vivo,
y por vuestra culpa, yo me muero...
Corazón enamorado en la distancia,
palabras que se unen en febril lamento,
sinfonía de sentimientos inexpresados,
tantas veces ahogando un "te quiero",
y soñando...
Soñando con un atardecer junto al mar,
con el tacto de su mano en la mía,
con su larga melena negra al viento,
con el sonido de su risa en el aire,
con la alegría de su fuerza vital,
con su sonrisa triste y alegre,
con ella... y nada más...
martes, 16 de octubre de 2012
* SOÑANDO ROMA...
Anoche soñé que soñaba... y en el sueño del sueño,
soñé que me despertaba, en otra ciudad...
Abría los ojos lentamente, y allí, a mi lado,
estaba ella, saliendo también del sueño...
Nos besamos, lentamente, medio dormidos,
agotados tras una noche de lánguida pasión,
después de habernos dejado llevar por el deseo,
amantes por fin, después de tanto, tanto tiempo...
Tenerla a mi lado, robarle un cálido beso,
su afrutado aliento bajando, como un río,
por mi garganta, el olor de su cabello,
irradiando por toda la almohada...
El tacto de su cuerpo junto al mío, sutil,
y a la vez, cálido, guardando el recuerdo
de mis manos, de mis caricias, en sus senos,
sus largas piernas junto a las mías...
Salimos de la cama, después del primer beso,
y nos metimos en la ducha, cálida primero,
tibia y fría luego, riendo... como dos niños
que descubren la vida, el juego, un sueño...
Nos secamos el uno al otro con toallas
que olían levemente a lavanda y espliego,
nos vestimos con presteza -hacía frío-
y bajamos a desayunar -era un hotel-.
Y recorríamos la ciudad, su ciudad eterna,
Roma, la de los palacios y los museos,
cogidos de la mano, paseando, riendo,
dejándonos llevar por la vida en su juego...
Éramos felices... Nada ni nadie importaba...
Frente a la Fontana de Trevi, un beso...
En las escaleras de la Plaza de España,
un abrazo, una caricia... y otro beso...
Vacaciones en Roma, pero solamente
para nosotros... ¡Aquello era el cielo!
Pero se terminó el sueño en el sueño...
Y tuve que despertar en la gris realidad...
Y sin embargo... sin embargo...
Allí estaba ella, a mi lado, sonriendo...
Sus cabellos irradiando sobre la almohada,
y en mi boca, su afrutado y dulce aliento...
¡No había sido un sueño! Y allí estábamos los dos,
sonriendo, riendo, como niños que han descubierto
un nuevo y excitante juego: redescubir juntos
Roma, la ciudad del sueño Eterno...
soñé que me despertaba, en otra ciudad...
Abría los ojos lentamente, y allí, a mi lado,
estaba ella, saliendo también del sueño...
Nos besamos, lentamente, medio dormidos,
agotados tras una noche de lánguida pasión,
después de habernos dejado llevar por el deseo,
amantes por fin, después de tanto, tanto tiempo...
Tenerla a mi lado, robarle un cálido beso,
su afrutado aliento bajando, como un río,
por mi garganta, el olor de su cabello,
irradiando por toda la almohada...
El tacto de su cuerpo junto al mío, sutil,
y a la vez, cálido, guardando el recuerdo
de mis manos, de mis caricias, en sus senos,
sus largas piernas junto a las mías...
Salimos de la cama, después del primer beso,
y nos metimos en la ducha, cálida primero,
tibia y fría luego, riendo... como dos niños
que descubren la vida, el juego, un sueño...
Nos secamos el uno al otro con toallas
que olían levemente a lavanda y espliego,
nos vestimos con presteza -hacía frío-
y bajamos a desayunar -era un hotel-.
Y recorríamos la ciudad, su ciudad eterna,
Roma, la de los palacios y los museos,
cogidos de la mano, paseando, riendo,
dejándonos llevar por la vida en su juego...
Éramos felices... Nada ni nadie importaba...
Frente a la Fontana de Trevi, un beso...
En las escaleras de la Plaza de España,
un abrazo, una caricia... y otro beso...
Vacaciones en Roma, pero solamente
para nosotros... ¡Aquello era el cielo!
Pero se terminó el sueño en el sueño...
Y tuve que despertar en la gris realidad...
Y sin embargo... sin embargo...
Allí estaba ella, a mi lado, sonriendo...
Sus cabellos irradiando sobre la almohada,
y en mi boca, su afrutado y dulce aliento...
¡No había sido un sueño! Y allí estábamos los dos,
sonriendo, riendo, como niños que han descubierto
un nuevo y excitante juego: redescubir juntos
Roma, la ciudad del sueño Eterno...
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140. UN REGRESO INESPERADO
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