sábado, 16 de junio de 2012

LUNES DE LEVE LLANTO

Nunca me han gustado los lunes,
nefastos días impregnados de nostalgia,
de soledad sorda, de regreso a la rutina,
cuando se impone volver del todo a la nada...
o quizás de la nada al todo,
de la ausencia a la presencia,
o la simple permanencia, lejos del sol,
de la luz, de la vida, de la calma...

Primer lunes del año, día gris de lluvia,
de niebla, de frío, de brumas y llantos...
Con los sentidos parcialmente embotados
por el dolor de cabeza, garganta y oídos,
me arrastro hacia el atardecer, deseando
que termine la jornada, quitarme el disfraz,
y ser yo mismo, con las zapatillas de felpa,
el forro polar, y la silenciosa compañía de mi gato...

Lunes de leve llanto, cuando la grisura exterior
corre pareja con la que consume tus entrañas,
cuando la mejor alternativa es el silencio,
pues realmente de quien más lejos estás,
es justamente la persona cuyo nombre
susurra el viento entre los olmos y los sauces,
y cuya imagen, momento congelado por siempre,
repiten los confines de mi encierro...

Comienzas el año, y en el fondo, sabes muy bien
que nada cambia, que en vez de un nueve es un diez,
pero el trabajo sigue siendo el mismo marasmo
de soledad hermosamente acompañada, de hastío,
y tú tampoco cambias, sigues siendo el mismo,
con tus alegrías y tus penas, tus múltiples manías,
tus dudas y tus certezas, tus ogros y princesas,
tus ternuras, tus grisuras, y tus sueños...

Lunes de leve llanto, que atenazan tu garganta,
con los recuerdos a flor de piel, de los ausentes,
las lejanas voces de dos muertos, que te abandonaron
mi abuelo un lunes de verano, mi padre otro de invierno,
mas de aquellas voces, tan queridas, tan presentes,
de ellos ya poco te queda, ni la sombra de un recuerdo,
fotos mudas, algo de ropa, libros, discos, catálogos...
Maldita muerte... ¿por qué nos robas la voz de los muertos?

 

DESDE MI VENTANA

Esperando, junto a la ventana, tu regreso,
Contando segundos, minutos y horas...
Soñando, como siempre, con tu figura
destacándose en el límite del prado,
y con el movimiento rojo de amapolas,
que se pliegan a tu paso como el viento...

Recordando aquella mañana, de primavera,
Al salir de casa, me besaste en los labios
con tu mezcla de olores, after shave,
colonia, pasta de dientes, y aquél sabor
en tus labios, indefinible, pero muy tuyo,
me hiciste cosquillas al besarme...

Acariciando tu cara, nunca entendí
esa manía tuya de dejarte perilla
y bigote, decías que era una cuestión
de estética, de sentirte mejor...
¡Si para mí siempre estabas guapo,
si yo nunca te pedía nada, salvo amor!

Pero nunca volviste... Y me quedé,
como siempre en tu ausencia...
Tan sola, tan vacía, tan triste...
Las horas pasaban, llegó la hora
de tu regreso, y no volviste...
ni entonces, ni nunca, mi amor...

Ibas en uno de los trenes de la muerte,
y ella te estaba esperando, como a todos,
en la estación de Atocha... el once de marzo...
Tapado por una sábana, no me dejaron
ni tan siquiera verte, ni abrazarte...
ni besarte... robándome el último adiós...

Han pasado las horas, los días... y los años...
y a mí también me capturó la Parca...
mientras dormía... mas en el fondo,
yo ya estaba muerta, sin tus abrazos,
sin tu sonrisa canalla, sin tus besos...
sin todas aquellas cosas por vivir...

Yo pensaba que al menos, con la muerte,
estaríamos juntos de nuevo, por siempre...
Mas seguimos separados, tú no vuelves,
y yo te sigo esperando, tras los cristales
rotos deseando verte, por última vez,
al caer la tarde, en el campo de amapolas...

EL VIEJO BANDONEÓN ENAMORADO

Gime el bandoneón en su tristeza,
olvidado en el centro del escenario...
¿Qué culpa tiene él, con toda su
grandeza, de pesar demasiado?
¿Por qué lo abandonan allí,
madrugada tras madrugada,
envuelto en el humo de tabaco
rancio, oliendo el sudor humano,
con el alma preñada de recuerdos
y el corazón henchido de tristeza?

Allí, sobre un alto taburete,
frente a la sala vacía y silenciosa,
recuerda cada noche, cada nota,
de su extraño romance cotidiano...
Con la sala casi llena, el escenario
a oscuras, se hace el silencio,
y un solitario foco de luz blanca
ilumina una figura azul, es ella,
su ama dominante y celosa, pero
al mismo tiempo, su consejera...

Su amiga, su compañera, su diosa...
¿qué culpa tiene él, pobre desgraciado,
de haberse enamorado de su humana,
que cada noche le da la vida entre sus brazos?
Presencia cálida y lejana, siente su corazón
mientras ella, regulando su respiración
y su voz, extrae de su interior aquella
música secreta, de bandoneón enamorado...
Mayor no puede ser la entrega, cuatro horas de cariño,
de mimos... por veinte de ausencia...

Por ella, ha roto incluso el viejo Código
del Bandoneón Arrabalero, pues cada noche
le canta, con voces y registros prohibidos,
historias de viejos amores olvidados...
Los instrumentos tenemos alma, le dice,
cada noche, tenemos voces especiales
que no deben ser oídas por los humanos,
al traicionar el viejo código, me quedo solo,
me rechazan los demás, sobre todo la
altiva guitarra, mas no me importa...

Haré frente al desprecio, a la soledad,
y te seguiré entregando el milagro cotidiano
de mi canción enamorada... Por eso mi voz
es distinta de cualquier otra...
Sentirte noche tras noche, tu respiración,
tus manos, tus pechos, tus brazos...
Acompañarte mientras me sigas queriendo,
y luego, desaparecer... Hasta la noche siguiente,
y cantar a dúo tristes canciones de amor...
a veces les llaman "fados", otras "tangos"...

Elevar nuestras voces noche tras noche,
generar sentimientos, deseos y sueños...
Que el público se quede en silencio,
que escuche, recuerde, y llore...
Que no entiendan lo que les pasa,
pero al mismo tiempo, sientan...
Lo único que realmente lamento....
es no tener ojos, para poder verte...
pues nadie pensó en ponerle
ojos ni labios al bandoneón...

SOBRE EL AMIGO FIEL

Oír tu voz entre las sombras, o luces,
y saber que nunca serás mía,
imaginar tus labios, cárdenos,
pronunciando palabras de amor
suavemente, en los oídos de otro...

Sentir la tersura de tu pelo, azabache,
sobre mi espalda, cuando te inclinas,
y oler tu fragancia, mezcla de imposibles,
de gardenias y claveles y almizcle,
que te rodea por completo, precediéndote...

Creo en el cielo... cada vez que me rozas,
juguetona, con la punta de los dedos...
Creo en el infierno... cada tarde, al partir,
al dejarte partir hacia tu familia, tus hijos...
Vivo en el purgatorio... por estar sin estar...

Soy el amigo fiel tras el disfraz, el guardián,
el perro fiel de tus vigilias y tus sueños,
siempre pendiente, expectante, anhelante...
y también, frustrado por recordar mi sitio...
siempre a tu lado, mas no como yo quisiera...

Soy el paño de lágrimas cuando me has necesitado,
el oyente avezado de tus tristezas y pesares,
el consejero y confidente, tu ancla con el pasado,
y quiero pensar que también tu nexo futuro...
que seguiremos juntos en peculiar simbiosis...

Nunca probaré la miel de tus labios, lo sé,
ni sentiré tu piel bajo mis manos, su tersura...
Soy el amigo fiel, siempre lo he sido, y seguiré...
soñando contigo... con un pasado distinto....
por el cual seré parte de tu presente, amor mío...

LAS FLORES DEL OLVIDO…

Si pudiera encontrar las flores del olvido,
para jamás recordar cuando te he perdido,
si pudiera luchar contra lo que te he querido,
si fuera otra vez como un recién nacido...
si pudiera borrar para siempre lo sentido,
si pudiera escoger jamás haberte conocido...

Si fuera posible borrar todo lo vivido,
terminar el viaje sin haber partido,
olvidar tus besos sin haberlos recibido,
borrar tu perfume sin haberlo olido,
y abrazar tu cuerpo sin perder el sentido,
acariciar tu cabello, medio dormido...

Mas no quiero olvidarte, sufro por haberte tenido,
pero no tanto como haberte al final perdido...
No me des, amor mío, las flores del olvido,
pues de todos los largos años que he vivido,
no me ahorres al final el último castigo,
y déjame morir, en tus brazos, te lo pido...

LOS SILENCIOS DEL ALMA

Palabras rotas, muertas, agotadas,
son todas aquellas que no llegan
de mis labios a tus oídos...
de corazón a corazón...
de alma a alma...

Son palabras absurdas,
que no sirven para nada,
al no transmitir ni mentiras,
ni verdades, ni sueños...
ni siquiera desilusiones...

Cada día que dejamos pasar,
hay más palabras yertas, ateridas,
llenando el espacio, tan grande,
entre nosotros...
¿Puedes verlas?

Alfombran mil silencios
con sus pequeños estertores,
alzando sus pequeños brazos,
intentando que las pronuncies...
¿Las oyes tu también?

Me persiguen en los sueños,
los pequeños mensajeros,
que tantas cosas susurraban
en nuestros oídos, poniendo
la voz del otro en nuestra mente...

Las palabras, la voz, los recuerdos,
el todo que viajaba en el expreso,
demasiado rápido para ser controlado,
se han convertido en un simple recuerdo,
pues han llegado los silencios... del alma...

¿ME AMAS?

"¿Me amas?" Esa es tu única pregunta... Nada más...
No te importa ni el tiempo, ni la distancia, nada...
Solo buscas una respuesta, una señal, un "algo",
que te permita encontrar una respuesta en mí...
¿Me amas?"... Nada más te importa, y menos,
la distancia, que une y separa nuestras almas,
sedientas, y se olvida de nuestros cuerpos...
Y no te respondo... pues necesito pensarlo...

"¿Me amas?"... ¿Y qué puedo decirte del amor,
de lo que siento por ti, si jamás nos hemos besado?
¿Si nunca nos hemos abrazado, ni hemos compartido
algo más que un simple sueño de libertad absoluta?

"¿Me amas?"... Y te imagino, allí, tan lejos, sola,
atrapada, igual que yo, por una mentira legal,
por demasiadas convenciones, esperanzas,
sueños no realizados y ansiedades sentimentales...

"¿Me amas?"... Y solo se me ocurre una respuesta...
"Sí"... Con cada célula de mi cuerpo, mi alma,
con todo mi ser, mi futuro, y mi presente....
"Sí... Alma mía... Por y desde siempre... Sí...."

140. UN REGRESO INESPERADO

Poemas que se elevan en el viento y alcanzan los cielos de madrugada. Palabras que surgen en la punta de los dedos, y encuentran su camino s...