Entre tus silencios, te busco,
con ristras de palabras y llantos,
mandando los versos al viento,
para que lleguen a tus labios.
Mensajeros de amores difíciles,
los únicos que en el fondo me gustan,
de dragones buenos y princesas malas,
de brujas nacidas en otros cuentos.
Dos no se aman si uno no quiere,
pero yo voy tejiendo mis redes,
amarrando palabras y sentimientos,
y mezclándolos con algún lamento.
Es complicado querer en la distancia,
dos ciudades bajo el mismo cielo,
luna y estrellas guardan mi secreto,
dos docenas y media de te quiero...
... al final, regreso a la poesía... aunque no sea demasiado buena... aunque a veces me parezca incluso un poco falsa... porque me quedé enganchado en las marañas de la prosa... pero sobre todo, porque disfruto escribiendo poesía... y compartiéndola contigo...
miércoles, 2 de enero de 2019
martes, 1 de enero de 2019
CUARENTA Y CUATRO
Quizás si te tuviera delante, mi dama,
no me atrevería a escribirte todo esto,
el lector se ahorraría un mal poema,
y yo un puñadito de sentimientos...
Quizás si pudiera abrazarte y besarte,
las palabras fluirían hacia tus oídos,
trazando mil pequeños arabescos
al flujo de mi cautivo aliento.
Quizás si estuviéramos juntos
no nacerían poemas de la punta
de mis dedos, sobre el teclado negro,
donde apenas se distingue la letra A.
Por eso ama se escribe con una letra,
entre dos silencios, y pasa el tiempo,
cristalizan los sentimientos y las penas,
nacen y mueren las ansias y secretos.
Y te sigo buscando en la pantalla blanca,
mis ojos acarician tu foto, y sueño
con que fueran mis dedos y tu cuerpo,
mis manos y tus labios, mil sueños...
En las palabras encuentro mi refugio,
quien sabe si tal vez tu reino,
breves mensajeras de tantos sentimientos,
fantasmagorías de presentes alternos...
Sueños, en el fondo somos criaturas
de miel y misterio, de mil renuncios,
de actos reflejos, de costumbres
y de altivos silencios...
Y en mis sueños, te busco, te persigo,
te alcanzo, te beso, y todo desaparece,
incluso nuestras almas y cuerpos,
y de la nada al todo hay un solo verso...
no me atrevería a escribirte todo esto,
el lector se ahorraría un mal poema,
y yo un puñadito de sentimientos...
Quizás si pudiera abrazarte y besarte,
las palabras fluirían hacia tus oídos,
trazando mil pequeños arabescos
al flujo de mi cautivo aliento.
Quizás si estuviéramos juntos
no nacerían poemas de la punta
de mis dedos, sobre el teclado negro,
donde apenas se distingue la letra A.
Por eso ama se escribe con una letra,
entre dos silencios, y pasa el tiempo,
cristalizan los sentimientos y las penas,
nacen y mueren las ansias y secretos.
Y te sigo buscando en la pantalla blanca,
mis ojos acarician tu foto, y sueño
con que fueran mis dedos y tu cuerpo,
mis manos y tus labios, mil sueños...
En las palabras encuentro mi refugio,
quien sabe si tal vez tu reino,
breves mensajeras de tantos sentimientos,
fantasmagorías de presentes alternos...
Sueños, en el fondo somos criaturas
de miel y misterio, de mil renuncios,
de actos reflejos, de costumbres
y de altivos silencios...
Y en mis sueños, te busco, te persigo,
te alcanzo, te beso, y todo desaparece,
incluso nuestras almas y cuerpos,
y de la nada al todo hay un solo verso...
CUARENTA Y TRES
Soñándote...
A veces, es la única forma que tengo de amarte,
incluso en la distancia, a pesar del tiempo,
del espacio, del qué dirán, de ti misma incluso.
Porque al dormir, soy libre, incluso de mis miedos.
Soñándote...
Te persigo, como el amigo fiel o el dulce perrito,
que rastrea incluso tus lágrimas, o tus ataques
de oscura tristeza, y con mis palabras
tejo mundos brillantes e inversos...
Soñándote...
Doy rienda suelta a mis deseos, a mis ansias,
y logro despertarte, con la punta de mis dedos,
recorriendo tu cuerpo en incruenta ceremonia,
con aceites esenciales y un poquito de incienso...
Soñándote...
Convertida al mismo tiempo en altar y en ara,
en principio y final, prolongación de mi cuerpo,
una leve gota de aceite resbala desde tu seno,
y mi lengua la persigue, juguetona, por tu piel.
Soñándote...
Dos cuerpos que se unen en danza implacable,
curvas y rectas que se amoldan, descubriendo,
mil y un pequeños recovecos, con los labios,
con los dedos, piel contra piel, alma con alma.
Soñándote...
Soy por fin libre, y vuelo a tu lado, en la noche,
y tú me sonríes en la distancia, te sonrojas,
nunca te gustó hablar mucho de sentimientos,
ni tampoco valoras tu níveo cuerpo...
Soñándote...
Te hago mía, y al mismo tiempo me entrego,
te busco, me busco, te encuentro, te poseo,
entre caricias y besos, entre quieros y puedos,
y por eso al final triste y solo me despierto...
A veces, es la única forma que tengo de amarte,
incluso en la distancia, a pesar del tiempo,
del espacio, del qué dirán, de ti misma incluso.
Porque al dormir, soy libre, incluso de mis miedos.
Soñándote...
Te persigo, como el amigo fiel o el dulce perrito,
que rastrea incluso tus lágrimas, o tus ataques
de oscura tristeza, y con mis palabras
tejo mundos brillantes e inversos...
Soñándote...
Doy rienda suelta a mis deseos, a mis ansias,
y logro despertarte, con la punta de mis dedos,
recorriendo tu cuerpo en incruenta ceremonia,
con aceites esenciales y un poquito de incienso...
Soñándote...
Convertida al mismo tiempo en altar y en ara,
en principio y final, prolongación de mi cuerpo,
una leve gota de aceite resbala desde tu seno,
y mi lengua la persigue, juguetona, por tu piel.
Soñándote...
Dos cuerpos que se unen en danza implacable,
curvas y rectas que se amoldan, descubriendo,
mil y un pequeños recovecos, con los labios,
con los dedos, piel contra piel, alma con alma.
Soñándote...
Soy por fin libre, y vuelo a tu lado, en la noche,
y tú me sonríes en la distancia, te sonrojas,
nunca te gustó hablar mucho de sentimientos,
ni tampoco valoras tu níveo cuerpo...
Soñándote...
Te hago mía, y al mismo tiempo me entrego,
te busco, me busco, te encuentro, te poseo,
entre caricias y besos, entre quieros y puedos,
y por eso al final triste y solo me despierto...
CUARENTA Y DOS
Besos... ¿En el fondo, qué te cuesta,
qué te importa, que te robe un beso?
¿Acaso vas a quedarte sin aire, mi dama?
¿Temes que te robe el alma, el cuerpo?
¿Qué es un beso?
Quizás la puerta a mil mundos secretos,
la caricia de los cuerpos en la alborada,
el silencio que callan las palabras,
una andanada de promesas al viento,
perderme en tus ojos marrones,
viendo en ellos mi reflejo,
segundos antes de olvidarme de todo...
Curiosos besos, que cierran los ojos,
puesto que sobra el mundo, el lugar,
incluso el tiempo...
Los besos son fenómenos absorbentes,
retazos de magias caducas,
sobrios rituales, corazones abiertos.
¡Si supieras cuantas veces te he besado
en lo más profundo de mis sueños!
qué te importa, que te robe un beso?
¿Acaso vas a quedarte sin aire, mi dama?
¿Temes que te robe el alma, el cuerpo?
¿Qué es un beso?
Quizás la puerta a mil mundos secretos,
la caricia de los cuerpos en la alborada,
el silencio que callan las palabras,
una andanada de promesas al viento,
perderme en tus ojos marrones,
viendo en ellos mi reflejo,
segundos antes de olvidarme de todo...
Curiosos besos, que cierran los ojos,
puesto que sobra el mundo, el lugar,
incluso el tiempo...
Los besos son fenómenos absorbentes,
retazos de magias caducas,
sobrios rituales, corazones abiertos.
¡Si supieras cuantas veces te he besado
en lo más profundo de mis sueños!
CUARENTA Y UNO
Desde el limbo de los recuerdos imposibles,
te escribo estas líneas, mi hermosa dama,
cuando la ausencia se convierte en un dolor
que mana de mi alma al corazón sediento.
Atrás quedaron tantas charlas al anochecer,
pero también risas, y sueños, incluso silencios,
de esos que todo dicen y nada pretenden,
de viejos amantes incluso, tan cómplices.
Añoro escuchar tu voz cada día, cada tarde,
y que sea ella quien me lleve al sueño,
y desde la distancia me doy cuenta de que,
en el fondo, hubo buenos tiempos...
Me preocupa el futuro, y lo sabes, puesto que
para mí te has convertido en un dulce misterio,
y mido las palabras, los actos y los pensamientos,
en vez de dejarme llevar por los actos, y los sueños.
Sueño con besarte, con estar a tu lado, juntos,
compartiendo de la mano el atardecer
desde el mirador de San Nicolás, incluso con gente,
La Alhambra frente a nosotros, y Granada a tus pies.
Sueño con pasear contigo por las calles desiertas,
compartiendo paraguas bajo la lluvia, sintiendo
nuestros cuerpos unidos por el aire que respiramos,
el leve roce de nuestros hombros, la curva de tu cuello...
Una cena a la luz de las velas en mi restaurante favorito,
ese italiano en la plaza Bib-Rambla, una buena sopa,
algo de vino, la pasta en su punto, tal vez un helado,
el camarero nos hace una foto, sonriendo, al terminar.
En la esquina de tu calle, robarte un beso, y que sea
el primero de muchos, quizás de cientos, una promesa,
el fin de semana por delante, solos y tranquilos,
y ya en tu casa, dejar que hablen nuestros cuerpos...
Sueños, a fin de cuentas, bastante inocentes, lejanos,
casi etéreos, de tarde de verano o noche de invierno,
mientras miro tu foto, quemo incienso, y pienso
que tal vez el destino está escrito en los cielos...
te escribo estas líneas, mi hermosa dama,
cuando la ausencia se convierte en un dolor
que mana de mi alma al corazón sediento.
Atrás quedaron tantas charlas al anochecer,
pero también risas, y sueños, incluso silencios,
de esos que todo dicen y nada pretenden,
de viejos amantes incluso, tan cómplices.
Añoro escuchar tu voz cada día, cada tarde,
y que sea ella quien me lleve al sueño,
y desde la distancia me doy cuenta de que,
en el fondo, hubo buenos tiempos...
Me preocupa el futuro, y lo sabes, puesto que
para mí te has convertido en un dulce misterio,
y mido las palabras, los actos y los pensamientos,
en vez de dejarme llevar por los actos, y los sueños.
Sueño con besarte, con estar a tu lado, juntos,
compartiendo de la mano el atardecer
desde el mirador de San Nicolás, incluso con gente,
La Alhambra frente a nosotros, y Granada a tus pies.
Sueño con pasear contigo por las calles desiertas,
compartiendo paraguas bajo la lluvia, sintiendo
nuestros cuerpos unidos por el aire que respiramos,
el leve roce de nuestros hombros, la curva de tu cuello...
Una cena a la luz de las velas en mi restaurante favorito,
ese italiano en la plaza Bib-Rambla, una buena sopa,
algo de vino, la pasta en su punto, tal vez un helado,
el camarero nos hace una foto, sonriendo, al terminar.
En la esquina de tu calle, robarte un beso, y que sea
el primero de muchos, quizás de cientos, una promesa,
el fin de semana por delante, solos y tranquilos,
y ya en tu casa, dejar que hablen nuestros cuerpos...
Sueños, a fin de cuentas, bastante inocentes, lejanos,
casi etéreos, de tarde de verano o noche de invierno,
mientras miro tu foto, quemo incienso, y pienso
que tal vez el destino está escrito en los cielos...
miércoles, 5 de diciembre de 2018
CUARENTA
Como las golondrinas en primavera,
con esa promesa de sol y buen tiempo,
vuelan hacia ti mis pobres versos,
cargados de amor, de soledad, de ausencias,
de vanas promesas, de futuros inciertos,
cuando quizás ya no tienen otro sentido
que recordar marchitos sentimientos.
"Te escribiré cuarenta poemas de amor",
te dije, medio en broma, medio en serio.
Y tu te reíste, como pensando
¿De dónde va a sacar tanto verso?
Pues bien, aquí están, del corazón marchito,
de la soledad plagada de sueños,
de las noches en vela, de las tardes de paz,
de las mañanas en la cama, bajo las mantas,
de la lluvia, del sol, del viento, del frío,
del calor y del cierzo, del otoño y el invierno...
Cuarenta poemas, muestra de amor no pedida,
cuando las palabras se quedan cortas
o no llegan, los poetas lanzamos los versos,
al aire, al viento, a la nada, al infinito,
con la esperanza de que un día de estos
lleguen a tus manos, mi hermosa, y triste,
y lejana, y tan silenciosa, dama de mis sueños...
con esa promesa de sol y buen tiempo,
vuelan hacia ti mis pobres versos,
cargados de amor, de soledad, de ausencias,
de vanas promesas, de futuros inciertos,
cuando quizás ya no tienen otro sentido
que recordar marchitos sentimientos.
"Te escribiré cuarenta poemas de amor",
te dije, medio en broma, medio en serio.
Y tu te reíste, como pensando
¿De dónde va a sacar tanto verso?
Pues bien, aquí están, del corazón marchito,
de la soledad plagada de sueños,
de las noches en vela, de las tardes de paz,
de las mañanas en la cama, bajo las mantas,
de la lluvia, del sol, del viento, del frío,
del calor y del cierzo, del otoño y el invierno...
Cuarenta poemas, muestra de amor no pedida,
cuando las palabras se quedan cortas
o no llegan, los poetas lanzamos los versos,
al aire, al viento, a la nada, al infinito,
con la esperanza de que un día de estos
lleguen a tus manos, mi hermosa, y triste,
y lejana, y tan silenciosa, dama de mis sueños...
TREINTA Y NUEVE
Recuerdos que me acompañan
en la medianoche del alma...
El sonido de tu risa.
La sal de tus lágrimas.
La dureza de tus silencios.
El tacto de tu mano en la mía.
El olor de tu melena cobriza.
Tu profunda mirada.
Los libros que compartimos.
Un paseo por la orilla del Darro.
El camino de los Tristes.
Ese pinchito con patatas.
Las películas que te mandé.
El tacto de la lana sobre tu piel.
La mirada de un oso de peluche.
Dos monstruos salidos de una taza.
Aquellos libros tan peculiares.
Tu foto en pijama.
Tu voz al atardecer, tantos meses.
Tus comentarios sobre el día.
Mis sueños durante la noche.
Tantas y tantas cosas,
que no se desvanecerán mañana...
en la medianoche del alma...
El sonido de tu risa.
La sal de tus lágrimas.
La dureza de tus silencios.
El tacto de tu mano en la mía.
El olor de tu melena cobriza.
Tu profunda mirada.
Los libros que compartimos.
Un paseo por la orilla del Darro.
El camino de los Tristes.
Ese pinchito con patatas.
Las películas que te mandé.
El tacto de la lana sobre tu piel.
La mirada de un oso de peluche.
Dos monstruos salidos de una taza.
Aquellos libros tan peculiares.
Tu foto en pijama.
Tu voz al atardecer, tantos meses.
Tus comentarios sobre el día.
Mis sueños durante la noche.
Tantas y tantas cosas,
que no se desvanecerán mañana...
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