Unos ojos marrones, hechiceros,
que al mirarte te devoran,
atraviesan el alma...
Un amor que resurge,
rugiente, voraz, unilateral,
desde lo profundo del tiempo...
Aquellos sentimientos,
malditos y prohibidos,
que cobran vida súbitamente...
Y me dejo consumir,
en el ara de mi propio sacrificio,
feliz y anhelante...
La vieja magia olvidada,
que triunfa inclemente
sobre espacio y tiempo...
Cada caricia, cada roce,
de su piel contra la mía,
mágica, electrizante...
Cada palabra, sonrisa,
silencio, risa, roce,
cada momento...
Y volveré a la rutina,
pero dejando eternamente
mi corazón en sus manos...
No hubo besos robados,
pero regreso con fuerza,
con el alma enamorada...

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