Cada día, desato una tormenta de versos,
palabras que surgen de mis dedos,
de mi corazón cautivo y enamorado,
para sentirte más cerca de mí.
Son las herramientas de un poeta,
que encontró su musa en una mujer,
de crespa melena pelirroja, ojos marrones,
piel blanca, mejillas sonrosadas...
Su voz me ha llegado tantas veces
que la conozco casi de memoria,
su mirada me persigue desde la pantalla,
y la magia de su risa revolotea a mi alrededor...
Y sonrío como un adolescente al imaginarla
descifrando el amor convertido en versos,
una tormenta de sentimientos náufragos,
que atraviesan los mares en calma...
¿La conoces, mi hermosa dama, tal vez?
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